Todo estaba preparado.
Era una mañana de examen y la situación requeria del tradicional ritual de preparación psicológica.
Despertador. Acción. Sacar al perro. Desayunar, pero no demasiado que estoy nerviosa. Preparar la ropa, algo cómodo que no me moleste en el examen. Ducha, cantos gregorianos para entrar en materia. Vestirse y observar el material que tengo que llevar: libro, estuche, apuntes y reglas. Todo listo.
Desde fuera puede que parezca una mañana normal pero desde dentro te sientes como un boxeador a punto de subir al ring.
Con mi bata de autoestima dorada me subí al coche y como una ya tiene una experiencia en bromas de murphy, decidí ir al examen con una hora de antelación.
La carretera se presentaba sin tráfico, tranquila, sin estrés. De normal conduzco como si estuviera en el rodaje de fast and furious pero cuando tengo examen me gusta ir relajada por que la actitud desde el momento en que te levantas hasta el momento que haces el examen lo hace todo. Aunque estudiar a veces también ayuda, deberíais probarlo.
Llegué a la rotonda del parking pensando, ¡Que maravilla de campus! Todo es verde y bonito.
Encontré sitio para aparcar a la primera y encima estaba cerca de la puerta. La vida me sonreía. Pensé que sería una señal de mi buena fortuna en el examen fijo.
Saqué lo necesario del coche y empecé a andar mientras la música de "it's the final countdown" sonaba a todo meter en mi cabeza. Cada vez estaba mas segura de mi misma y una sensación de poder me llenaba entera. El viento en la cara. Decisión impecable y ejecución asombrosa del ritual de preparación.
Enfilé la puerta y entré en el taller donde me senté, habiendo hecho una previa y meticulosa selección sobre el dónde que aquello parecía el busca minas.
Abrí el libro y empecé a repasar. Quedaban tres cuartos de hora.
Hablé con el de al lado. Y eso, como si fuera la barra de los sims, hizo que mi nivel de autoestima disminuyera considerablemente pues él sabía el triple que yo. Media hora. Empezó a llegar gente y cada uno fue colocándose en las mesas haciendo la misma selección minera que había hecho yo pero de una manera más compleja y con una mayor cara de sufrimiento pues las opciones cada vez eran mas reducidas y peliagudas. Un cuarto de hora. El profesor de construcción estaba al llegar y vi que alguien entraba por la puerta. Un hombre. Andaba con una extraña sensación de seguridad y con una dirección que apuntaba extrañamente hacia mi. El bedel.
¿Uxua Echeverría? Su seriedad era tal que estuve a punto de negar mi identidad. Si.
Ha aparcado en mitad del parking y esta impidiendo la circulación, por favor vaya a quitar su vehículo. ¡BOOM! Después de soltar esta bomba supe que el niño que estaba jugando al busca minas acababa de fallar y me había explotado el ritual en la cara.
Miré la hora, hablé con la gente, pensé en darle las llaves al bedel y decirle te lo regalo, no tengo tiempo de quitarlo, ¡ tengo un examen por el amor de Dios! Sentí que toda La Paz que había acumulado con mi ritual psicológico se iba al garete.
¡ decide ! Pero hazlo ya. Salí como si me persiguieran los indios y llegué al parking para observar que mi coche estaba perfectamente localizado donde yo lo había aparcado y que nada estaba obstruyendo el tráfico. Por si acaso miré que las líneas eran blancas y que no era reservado.
Miré el reloj. Menos tres minutos. Eché a correr como si esta vez fuera Usain Bolt queriendo llegar a la meta. Entré en la escuela y subí las escaleras de tantos escalones a la vez como mi elasticidad me lo permitió. Paré al llegar al último escalón y levanté la vista. El profesor estaba cerrando la puerta. Corrí y pasé de perfil por la puerta. El profesor se me quedó mirando un rato (a todos los alumnos que llegaron a tiempo gracias a ese duelo de miradas lo digo desde ya, de nada ). Me senté. La camisa sudada y mal colocada, la respiración agitada y el pelo revuelto. La mejor manera de empezar el examen.
El examen acabó en tanta tragedia como había empezado. Me fui al parking y, por hacer algo, me puse a mirar alrededor y encontré una piedrita situada delante de una de las ruedas delanteras.
Cuando me metí al coche me percaté de que el freno de mano no estaba puesto.
No hace falta ser un lince para llegar al fondo del asunto. Freno de mano sin poner, el coche se empieza a mover y se queda bloqueado contra una de las aceras haciendo un imposible del paso por ese punto y bloqueando la entrada a todos los usuarios del parking. Lo que pasó después me gusta imaginarlo como un alma caritativa que empujó mi coche hasta ponerlo a salvo y lo bloqueó con una piedra, cuando seguramente lo habría hecho el que no podía pasar.
Si el coche ya estaba en una zona admisible, ¿ Por qué me llamaron?. ¿Qué clase de gente hace eso diez minutos antes de un examen?.
Está claro que alguien quería estropearme el gran ritual de preparación psicológico.
Pero la verdad es que nunca aprendo.
Quién me mandará a mi salir una hora antes para ir a un examen.
Eso solo le da mas tiempo a Murphy para pensar en qué hacerme con todos esos minutos.
Realmente es mejor ir con el tiempo justo por que cuanto más tiempo tienes más cosas te pasan hasta dejarte al límite.
Ahora cojamos un poco de perspectiva y pensemos en todos aquellos que llegaron tarde a algún lado por que una idiota se había dejado el freno de mano sin poner e impedía que un montón de gente aparcara. Esos también tuvieron un mal día.
¡Aquí hay para todos!
En nombre de todos : Gracias Murphy.
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