Puede ser que todas mis historias empiecen con un examen de construcción, pero la verdad es que esta asignatura ha dado para mucho.
Para todos aquellos que sigan el blog ya sabéis cuál fue el ritual de aquella mañana. Desayunar, sacar al perro, ducharme escuchando cantos gregorianos, coger el coche e ir a la universidad.
La única y pequeña diferencia esta vez fue que, en mi cabeza, en vez de sonar la canción de "it's the final countdown", me atronaba un remix entre la banda sonora de psicosis y la de misión imposible.
Imaginad el panorama.
No hace falta que añada que hacía un día de perros y que llovía a cántaros. En este caso no hubo que decir "No podía ir peor", porque ya iba peor desde principio.
Y entonces, ilusa de mí, pensé "sólo puede mejorar". Incorrecto.
Por alguna extraña razón que sólo Murphy conoce, yo llevaba ese día muchas cosas en la mano para el examen entre ellas el portátil y muchos libros y apuntes.
Comenzó el examen. La mesa ordenada. Miré las preguntas con cierta desconfianza e intenté leer todo el examen con tranquilidad.
Para mi grata sorpresa vi que sabía contestar a la mayoría de ellas y decidí empezar por las más seguras y después atacar a las menos seguras, de tal forma que mi autoestima fuera recuperándose poco a poco.
Cuando sólo me quedaba una pregunta para acabar, el profesor indicó que faltaban 15 minutos.
Caras de agobio, suspiros e incluso lamentos se oyeron tras ese aterrador aviso.
De repente un fallo. Un fallo gordo.
Las dudas sobre qué hacer hicieron que se rayara el disco de misión imposible y sólo se quedará sonando psicosis.
Decidí borrar todo el ejercicio y arreglarlo desde principio. Con las manos inexpertas de un niño de tres años que acaba de aprender a borrar, arrugué la hoja y aplicando ligeramente una fuerza mayor, inesperada e incontrolable, la rasgué por la mitad de manera que se me quedó partida en dos.
Agaché la cabeza y me quedé un eterno segundo asimilando el suceso mientras sentía mi cuerpo cada vez más y más pesado.
Mi profesor de construcción ya nos había dado un aviso sobre la pulcritud, la limpieza y la perfección en sus exámenes y yo no podía dejar de oír su voz con un ligero eco en mi cabeza.
Muchas ideas se me cruzaron por la mente, la primera fue entregarlo rápidamente antes de que lo hiciera otro y luego culpar al portador de la pila de exámenes de mi desgracia, enseguida la descarté.
La segunda, la del cello, pero ninguna conseguía adecuarse a las palabras perfección, pulcritud y limpieza.
En ese momento me vine arriba y pensé que estaba en una película americana en la que todo un grupo de gente dependía de mí y que tenía que tomar una decisión rápida y segura para salvar a la humanidad.
Por eso dicen que es malo tomar mucho café, a partir de aquel día volví al colacao que me recibió cual padre a su hijo pródigo con los brazos abiertos.
La brillante solución adoptada por mi cerebro, fue empezar el examen de cero y copiarlo en limpio, por no entregar un apaño cutre con cello. Casi no me dió tiempo poner el nombre.
Y creo que toda mi puntuación entera fue la calificación de mi espléndido nombre, apellidos, y planteamiento de un ejercicio.
El profesor empezó a pasar por las mesas recogiendo los exámenes y cuando alcanzó la mía le miré derrotada. 2-0 pensé. Y así vi como mi examen se alejaba y se perdía entre la muchedumbre alterada que contrastaba las respuestas debatiendo si el examen les había salido de ocho o de nueve.
El camino de la vergüenza fue corto pero difícil. Cuando alcancé una zona fuera de peligro, miré alrededor y saqué el móvil como si fuera un arma de bolsillo. Llamé a la misma amiga que me acompañó a las Bardenas, y esto ya empezaba a ser sospechoso.
Después de los inicios cordiales de toda conversación, le conté la terrible noticia y empecé a desahogarme con ella mientras me encaminaba hacia el parking.
Recordemos : Los pesados libros y apuntes de construcción más el portátil en una mano y en la otra de malas maneras el teléfono.
Cuanto más le contaba más aumentaba mi enfado. Llegué al coche. Apoyé en la parte de arriba del coche todo lo que en ese momento me molestaba, libros y portátil, y seguí hablando con mi amiga.
En un momento de lucidez, decidí acabar la conversación antes de meterme al coche pero una cosa llevó a la otra y tres temas relacionados sobre la injusticia, la vida, la suerte y el alcohol, hizo que me metiera en el coche mientras seguía nuestra acalorada conversación sobre la injusticia.
Apoyando el móvil en el hombro, arranqué el coche, puse el altavoz e inicié mi camino hacia la salida del parking. Cambiaba de marcha como si estuviera teniendo impulsos violentos y una vez salí del parking cogí la tercera salida en la rotonda. Importante dato.
En cuanto salí, noté que un montón de bocinas me trasladaban a una calle de la India y esto solo consiguió aumentar mi enfado y mi estrés. Miraba a todas partes. Y al final pensé "tiene que ver conmigo fijo".
Colgué el telefono malhumorada y observé como un chico se ponía a la par y me hacía la ola.
O era tonto o quería que bajara la ventanilla. ¡QUE! . Su cara fue un claro indicativo de que no estaba siendo yo misma y de que me había pasado.
Balbuceando me dijo que en la rotonda se me habían caído un montón de cosas que tenía encima del coche. Rápidamente se escabulló y desapareció de mi vista antes de que le pudiera agradecer su valentía con otro agradable berrido.
Di la vuelta, como era de esperar, y volví a la rotonda.
Allí estuve haciendo señas durante tanto rato que estoy casi segura de que alguien me grabó y me puso la música de YMCA y lo subió a youtube. Nadie paraba y yo no podía recoger mis desperdigadas pertenencias.
Al final, la banda sonora que me había sonado cuando creía que tenía que tomar una decisión para salvar la humanidad, volvió a sonar y me dije a mi misma: Situaciones extremas requieren medidas desesperadas.
Puse el intermitente. Todo correcto, todo en regla. Y fui ladeando el coche poco a poco hasta que nadie pudo pasar ya que acabé estacionando mi vehículo de manera perpendicular a la rotonda creando un atasco incluso mayor que cuando hay policía gestionando el tráfico. Indescriptible.
La situación pasó de ser una calle en la India a ser un videoclip de heavy metal.
Salí del coche mientras escuchaba insultos y bocinas. Recogí todos los papeles y el portátil. Al ver el estado de mi libro de construcción pensé que era como E.T cuando mi examen se destrozaba, el libro lo hacía también, unidos para siempre.
Al final, diciendo mi casa, mi casa, me metí en el coche y me fui a mi hogar, donde pretendía pasar el resto de mi vida sin salir.
Eso no ocurrió por que tuve que ir a una humillante revisión de un examen de 1 punto.
¿De dónde habría sacado tantas décimas juntas?.
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