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Esto va de motos.

¡Que alguien me apadrine!
El otro día vi en la tele que había una cuadrilla de motoristas con motos tipo Harley, llenos de tatuajes, cueros y pendientes que se dedicaban a hacer el bien por la ciudad.
Trabajando sobre todo con temas sociales. Una especie de hermano mayor protector que da mucho miedo.
Les quería mandar un mensaje de ayuda.

Yo tengo una vespino de pedales estupenda que me lleva y me trae a todas partes. La pobre hace lo que puede y se puede considerar el hermano pequeño y débil de una Harley Davidson.

Mi día empezó así: Entrega de proyectos. No llego, no he dormido, no me he duchado y no he comido. Y ah! si, todavía no he acabado. 2 Horas para entregar.
Me llama una amiga con el mismo agobio que yo, aunque quizá ligeramente intensificado. Y yo le informo, con una firmeza exagerada en mi voz, de que en cuanto acabe le ayudo. ¡Podemos!

Si, así empezó mi día. Luego claro tu ves una película en la que se levantan de la cama guapísimos y sonrientes y desayunan como si estuvieran en un hotel, se dan una ducha larga y caliente, quizá habiendo hecho un poco de deporte antes para tonificar, y después de beber un zumo recién exprimido con un alto aporte vitamínico y leer el periódico pacíficamente, se van a trabajar con una sonrisa de oreja a oreja y si llueve, sacan el paraguas y a cantar. Y claro tu piensas.: Aquí algo falla.
¿Que hago mal?.
No os preocupéis por que está claro que algún día, si , algún día, a mi también me dará tiempo a exprimirme un zumo por las mañanas.

La cuestión es que hice un repaso ultrasónico de qué necesitaba llevar intentando optimizar el espacio al máximo posible por que tenía que ir en la moto. Moto, en fin, si, le llamaremos moto.
USB para imprimir, porta planos para llevar lo impreso, cartera y documentación de la moto, aceite para el motor 2T, el portátil para ayudar a mi amiga después de entregar, móvil para que mis fuentes infiltradas me dijeran como iba la entrega en todo momento y las llaves de casa.

Cogí los guantes de la moto y el casco y me dirigí al sótano. Eché gasolina y aceite y ya empecé a colocarme con ese olor tan característico que luego parece que condensa y estas todo el día emitiendo ese olor y sintiéndome Marc Márquez a punto de empezar una carrera, me puse los guantes. Derecho. Izquierdo. Y el casco. Cerré la visera y, habiendo colocado todo en la parrilla pareciendo una de esas motos que se ven con animales y paquetes, pasé la pierna derecha por encima del asiento y me acomodé.
Sintiendo el asiento y la moto empecé a pedalear como una turbina y nada. No arrancaba. Lo intenté unas cinco veces y mi nivel de sudor era tal que parecía que Marquez ya había acabado la carrera.
¡ Arrancó !. Un bache en el camino no iba a impedir que mi emoción al ir en moto disminuyera. Enfilé la cuesta del garaje y empecé a subirla, cuando iba por la mitad tuve que ponerme a pedalear por que no era suficientemente potente.
Siempre pienso en pitar al salir del garage pero algo me dice que no es necesario.

Fui a imprimir y todo extrañamente genial. De camino a la universidad, se formó un atasco por que había un turismo desesperado por aparcar en un sitio en el que no cabía, pero así somos y así seremos cabezones hasta en lo imposible.
Yo estaba parada detrás de una furgoneta y ésta empezó a echar marcha atrás apara dejarle espacio al turismo que intentaba aparcar. Yo hice lo mismo pero al ver que la furgoneta no paraba me percaté de que o tenía toda la intención de aplastarme, o no me estaba viendo. Todos le pitábamos y yo me iba quedando sin espacio para seguir echando marcha atrás y empecé a agobiarme.
No tenia escapatoria. La camioneta, lenta pero segura, avanzaba hacia mí y el coche que tenía detrás no podía hacer nada para darme espacio. Yo le golpeé con la mano repetidas veces en las puertas del maletero pero nada parecía importarle. No me estaba viendo.

Al final salté de la moto y observé como toda la delantera del coche de detrás se veía terriblemente rasgada por la parrilla de mi moto, que gracias a dios, al igual que los Nokia antiguos, no sufrió ni una sola alteración.
Fue entonces cuando el simpático ser de la furgoneta se percató de su hazaña.
El héroe salió del vehículo y me pidió perdón, me estaba venga preguntar si estaba bien y me zarandeaba el cuerpo de derecha a izquierda, hacia delante y hacia detrás. Al final tuve que decirle, de la manera mas educada posible, que dejara de tocarme.

El dueño del coche afectado, que por cierto era un mercedes de dejarte sin respiración, salió con su traje elegante y sin perder la calma me dijo que si mi moto y yo estábamos bien, me fuera tranquilamente, que ya lo arreglarían entre ellos.
Recogí mi moto y me marche. Eché una última mirada hacia detrás temiendo que el señor elegante crujiera al de la furgoneta como un león a una cría de ciervo. Pausado y tranquilo, pero agresivo y voraz.

Media hora para entregar.

Llegué a la escuela y entregué sin problemas. Llamé a mi amiga y le informé de que estaba de camino.
Esta vez la sensación que tuve al subirme a la moto fue como estar en Italian job. A contra reloj con la moto por las calles de la ciudad. Controlando la urbe.¡ Amiga ya llego !

En una rotonda, en la cual yo iba por fuera, vi que unos chicos en un coche viejo llevaban un rato conduciendo a mi vera y gritándome cosas. Yo les ignoraba, más que nada por que ni podía correr más que ellos para decir algo y escapar, ni mi vehículo estaba en condiciones de seguridad.

Al ver decepcionados que no les seguía el juego, dieron un volantazo para asemejar el movimiento a un atropello, y yo me asusté. El manillar de la moto, inclinada por la curva de la rotonda, empezó a ir de un lado para otro haciendo una clásica S de video de caídas de youtube y me caí al suelo, dándome con el bordillo de la acera en cabeza. Intenté quedarme con su matrícula, pero estaba más atenta al estado del portátil, sinceramente.

Me incorporé pensando en como exterminar a la raza humana y vi que la moto, una vez mas al igual que aquellos Nokia, estaba perfecta.
Arranqué y pensé: Nada me impedirá llegar al objetivo.
Musica en mi cabeza, aunque esta vez el climax era ya hacia el final de la peli cuando todos ya tienen heridas y sangre y casi no pueden andar.

Llegué y aparqué sin problemas. Gracias Murphy, gracias. Hay que aprender a valorar las cosas pequeñas y aparcar a la primera es una de ellas.
Subí a casa de mi amiga y abrí el portátil como un hacker intentado descifrar los códigos de seguridad del gobierno para extraer información y me puse a ayudarle.

Media hora después de la hora límite.

Cuando conseguimos acabar fuimos a imprimir y de ahi en adelante ya si todo salió sobre ruedas.
Nadie se desplomó dramaticamente y nadie me atropelló.

Volví a casa con mi moto como si fuera una medalla de guerra hecha para enseñar. Y cuando llegué a casa y aparqué sentí que mi cometido en la tierra estaba cumplido.
Acabó la película mental y en los créditos, me duché, comí y dormí.

Por esto necesito que la cuadrilla Davidson me apadrine. No querría volver a pasar por todo aquello, especialmente cuando tengo una misión importante que cumplir.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y los medios suficientes para alcanzar la meta no eran los mas óptimos. Eso si, no se rompió. Hoy sigue en plena forma.

Vespino ALX toda una veterana de guerra.
Viendo este anuncio ahora entiendo por que me pitaban en la rotonda, es el equivalente a axe:






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