El abismo de los objetos perdidos es un lugar oscuro que tiene cierto magnetismo y al que van a parar todas y cada una de las cosas que más necesitas.
Es increíblemente poderoso y una vez que absorbe el objeto ¡Despídete de él! pues aunque la entrada parezca lo más sencillo y cómodo del mundo, para los pobres objetos salir de ahi es ya un imposible.
Pues aunque no me crean yo rescaté una vez mis llaves de ese terrible lugar! Por eso sé tanto sobre el mismo, y a quien quiera le puedo dar una descripción vívida.
La cuestión es que yo una vez dejé mis llaves aquí, justo aquí, para que no las perdiera de vista... ¿Quien tiene mis llaves?, ¿Mamá, has cogido tu el coche?. Bien. Todos sabemos las respuestas a esas dos preguntas. Nadie y no.
Hacía tanto tiempo que no cogía el coche que las llaves, solas y abandonadas habían ido a parar a ese terrible lugar donde todo es despiadado y cruel. Y harta de buscar las llaves del coche empecé una nueva y refrescante campaña: Buscar las de repuesto.
Resulta que de manera muy inteligente, las de repuesto estaban en la guantera del coche, cuidadosamente cerrado.
Acto seguido, puse a mi mejor arma a trabajar: Google.
"Coche cerrado, ¿como lo abro?","Abre coche sin romper ventanilla", "Cómo abrir el pestillo de un coche", "Abrir un coche con cerrojo eléctrico ", "Cómo robar un coche sin que nadie se de cuenta", "Multa por robar un coche en España", "Tasa de robos en viviendas en los últimos cinco años".
En fin, pasé al plan B, Youtube. La verdad es que estuve muy entretenida toda la tarde con videos caseros sobre como robar un coche y lo que no entiendo es para que necesitamos llaves.
Bueno toda mi tarde de arduo estudio no sirvió para nada, pues al final descubrimos la alta seguridad anti robo de mi coche mientras mi padre le daba con un martillo a la ventanilla y observábamos con una mezcla de orgullo y temor que ésta no se rompía.
Llamamos al cerrajero. Smart minds. Por si alguien no sabe el método para abrir un coche sin romperlo, de todo lo que hay en internet, esta es la mejor opción. Creedme.
Bueno recuperamos la llave, que gracias a Dios estaba en la guantera, coincidencia poco común a la vez que satisfactoria y ciertamente irritable para todo aquel enemigo de mi desorden : mi madre.
Anduve con esa llave bastante tiempo y mi padre de vez en cuando me decía : Haz una copia no sea que pierdas esa. Y yo riéndome en la cara del abismo de los objetos perdidos, nunca lo hice.
Reirse de ese abismo tiene sus riesgos. No lo hagáis sin consultar al farmacéutico o a vuestro médico.
La cuestión es que mientras iba yo con una amiga en el ascensor con la llave en la mano, noté como ésta se deslizaba a cámara lenta entre mis dedos para contemplar horrorizada que a la vez que se abría la puerta del ascensor, la llave se colaba por la rendija y caía de perfil hacia el gran y oscuro abismo de los objetos perdidos. La vi caer hasta que la oscuridad me impidió ver más. Y yo, que tengo los reflejos de un gran felino sorprendiendo a un antílope en una llanura africana, me las apañé para soltar un desgarrador: Oh!
Ahí estaban ellas, solas, frías y oscuras. y aquí estaba yo, triste, temerosa y cabreada como nunca antes.
Llamé primero a mi madre para ir preparando el terreno.
Y aquí viene la gran hazaña señoras y señores, la forma de rescatar algo del gran y oscuro abismo : Llamé a asistencia e hice un despliegue de mis mejores habilidades sobre el engaño diciendo que tenía un examen y que , y esto era verdad, eran las de repuesto.
Mandaron a un técnico que apareció en mi casa con las llaves en la mano. No era moreno, no tenía los ojos azules y el pelo no se le ondeaba al viento pero, tenía mis llaves. Y para mí eso era el mundo.
Lo mejor de la historia no es que consiguiera sacar las llaves de ahi en diez minutos. No. Lo mejor es que el costo del servicio de asistencia está incluido en la comunidad de vecinos.
Hoy, mucho tiempo después, sigo riéndome en la cara del abismo, pues todavía no he hecho una copia de las llaves de repuesto, pero es que la vida sin un poco de adrenalina no es lo mismo.
Y como todos sabéis, aquí hemos venido a jugar.
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