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Farolas y farolillos.





FAROLAS Y FAROLILLOS
Farolas, cuerdas, perros y bicis. Mala mezcla amigos, mala mezcla.
Las farolas deberían estar todas en algún tipo de plataforma volante que no llegara al suelo y que solo alumbraran desde arriba.
Solo dan problemas. Y alumbran poco. Eso si, cuando vuelves de fiesta o sales por la mañana y ves como se apagan las farolas crees que has presenciado un autentico fenómeno astral que no volverá a producirse en quizá 1000 años. Y dices: ¡Mira se han apagado!
Que sepáis que eso ocurre todos los días. Sé que para algunos esto habrá sido un palo fuerte, como cuando te cuentan que los reyes son los padres, algo parecido.

Si salen suficientes hacemos grupo de apoyo.
El caso es que las farolas son altas y es prácticamente imposible no verlas, bien, pues aún así tengo una tía que un día andando por la calle se chocó contra una mientras hablaba con una amiga y le pidió perdón. Las farolas también tienen su pequeño corazoncito.

Os preguntaréis por qué estoy hablando de farolas. Pues cambiando de tema radicalmente yo tengo un perro que se llama Balto, si, como la película de Balto : la leyenda de un perro esquimal, solo que en este caso, al ser husky-galgo, sería Balto: la leyenda de un galgo esquimal o algo parecido.

Es un perro encantador, cariñoso, obedient...divertidísimo, quería decir divertidísimo, me he liado.
Su hobby favorito es enredar en la basura de mi cuarto y morder todo lo que tiene a su alcance.
Más de una vez he entrado en mi cuarto y parecía un vertedero.
Bien ordenado en montañas de basura pero vertedero al fin y al cabo. Y él subido en una de esas montañas como si fuera el dueño y señor del vertedero del cuarto.

Lo mejor es la cara que pone cuando entras y ves el desastre organizado. Una cara de angelito que parece que no ha roto un plato en su vida.
Algunos actores deberían dejar que les enseñara un par de trucos, yo lo dejo caer.

La cuestión es que entre la película y que era mitad husky, me emocioné con la idea de que podía enseñarle a tirar de la bici, como si fuera un trineo, y darle todo el deporte que pudiera necesitar para que no destrozara la casa.

Busqué información sobre el deporte y se llama Bikejoring.
El primer día salí con la bici y el tiraba hacia atrás. Un comienzo esperanzador y que demostraba intensas cualidades y alta destreza para la tarea.
La bici le daba miedo. En su defensa he de decir que tenía tres meses escasos.

Como yo ya había visto que para entrenar a un perro había que empezar desde joven, me dije, a partir de ahora Balto, tu y yo saldremos siempre en bici o en patines.

Le compré un arnés diminuto rojo en los chinos. Entré en el chino y me pareció estar en un vine que no puedo dejar sin mencionar: ¿Tienen tijeras de podar?
Sin levantar la vista del ordenador: ¿Tijera de podal?, ¡si hombre ! ¡Fondo,fondo!.

Bien, lo mismo pero con un arnés, lo mejor de todo es que estaba en el fondo, fondo del pasillo.

Y un día tuve que parar radicalmente el entrenamiento para observar aterrada que todo su pequeño cuerpo de cachorro tierno estaba cubierto de sangre.
Horrorizada bajé de la bici y le empecé a buscar las heridas como si fuera un médico de trauma intentando detener la hemorragia en Anatomía de Grey.
Siempre me he preguntado si eso será así en la vida real.
Ese día me sentí francamente insultada cuando me di cuenta de lo que había pasado: Se había mojado en los charcos y le había desteñido el arnés. Muy bueno, 罗伯托, muy bueno.

La cuestión es que Balto haciendo honor a su nombre, aprendió a tirar con dignidad y fuerza.
Lo que pasa cuando mezclas la velocidad de un galgo y la resistencia de un husky, explota el mundo.

Pensando que tenía todo el trabajo hecho, y teniendo Balto ya 10 meses, me fui a dar una larga vuelta en bici.
La película bajo cero es la fiel descripción de como me siento cada vez que saco la bici, pongo a Balto en línea, le pongo el arnés y el dulce sonido del mosquetón ¡click! hace que se tensen los músculos del animal y sienta un aura de energía al rededor del sistema de tiro.

HIKE! Balto HIKE! Balto empezó a tirar como si no supiera hacer otra cosa en la vida y mis niveles de adrenalina empezaron a subir. Como siempre la cuesta del garaje se interpuso en mi película mental ya que tuve que frenar a Balto para poder introducir la llave y abrir la puerta del garaje y subirla andando. Tampoco pité al salir.

El viento en la cara, los ojos llorosos por la velocidad, frío agradable en las manos y un ritmo constante de movimiento y diversión. De repente un giro, a la derecha.
Giré el manillar asumiendo que la conexión que nos unía a Balto y a mí iba a hacer que todo saliera estupendo. No pasó. La realidad fue que Balto siguió en línea recta como si no pasara nada y yo me fui a la derecha con tan mala suerte que alguien puso una farola entre ambos.

Se detuvo la imagen por unos instantes en mi cabeza. Empecé a escucharme a mi misma hablar balleno y mientras oía el derrapaje de la bici, sentí como se iba inclinando fuertemente hasta llegar al suelo, haciendo que yo me desplomara sobre el duro pavimento.

Mi cuerpo cayó y pude sentir incluso una segunda caída después de la primera. Me quedé un rato en el suelo fingiendo ser un dibujo de tiza tras un asesinato. En realidad solo estaba dándole tiempo a mi cerebro para evaluar los daños internos y externos.
¿Donde sientes dolor? Empecé a preguntarme en mi cabeza. Aquí, allí, por aquí también, aha, un poco más abajo y también en la parte izquierda de donde tengo el pedal incrustado.

Me levanté haciendo un despliegue de mi dominio del arameo, y vi que Balto me miraba con una cara de cordero degollado que decía: Empezó la farola.
Ese día aprendió a poner la cara que, muy sutilmente, en meses venideros le vino de perlas para escabullirse de sus hazañas más sonadas.

Este no ha sido el único encuentro que he tenido yo con las farolas.
Ni tampoco con las bicis, ni con los perros.
Me pasó algo parecido con mi perro anterior Chesco:
Era un pastor vasco gracioso, simpático y saltarín y le gustaba ir en bici, solo que te dejaba hacer a ti todo el trabajo, el iba trotando a mi vera como un señor.

Con la misma bici y distinta farola, y esta vez incluyendo una rejilla de ventilación de un garaje, Chesco se fue a la derecha, por que los perros son incapaces de pasar por algún lado en el que sientan el vacío, y de la nada, salió una farola, que juraría que no estaba allí antes, y se interpuso entre el perro y mi bici.

Todos sabemos el final de la historia.
Como si del Cluedo se tratase, puedo asegurar que le asesino fue Murphy, que no para de poner farolas en mi vida.

Esa vez fue más rápida la caída, la verdad es que aún no dominaba ni el balleno ni el arameo, pero la pérdida de dignidad fue mayor. Me acababa de despedir de mi madre y una amiga que estaban observando como me alejaba con el perro y la bici, después de haberles explicado que no era peligroso y que nunca me había pasado nada. Que bocas, Dios mío, que bocas.

Hablando de pérdida de dignidad, más adelante, haciendo honor al deporte que me hizo famosa en mi barrio, un vecino me pidió que entrenara a su perro para tirar de la bici. Un pastor australiano muy simpático. También me tiró.
No fue una farola, fue un giro inesperado por que había un gato callejero gritándole ¡Sígueme, sígueme!

Para todos aquellos que no os hayáis enredado con una farola mientras andabais en bici con vuestro perro, sé que es lo mas común y que os ha pasado a todos, la sensación es la siguiente:
Llevas una cierta velocidad constante, te enganchas, sientes un frenazo, un golpe, y un retroceso, como si alguien estuviera rebobinando un trozo de tu vida, y de repente una caída y un tremendo dolor.

Pero de todo se aprende, y ahora Balto ya sabe las órdenes derecha e izquierda, aunque a veces, cuando se confunde le digo: Balto, la de comer. Y aún así se equivoca.

Por favor, farolas volantes, no es tan difícil de hacer, ingenieros y arquitectos piensen en la solución.
Piensen.

La vida de las personas con bicis, equipos de tiro, perros, despistados, adictos al móvil (sé que os ha pasado alguna vez...) y para los que tengan miopía, astigmatismo o hipermetropía será infinitamente más fácil.

Por un mundo más sencillo, sin farolas ni farolillos.




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