Bueno, bueno, bueno. ya iba siendo hora de que algo pasara, ¿o no?
Pues sin ir más lejos, estaba yo el otro día preparando una rica ensalada con una amiga en mi casa, cuando, desalentadas por la tristeza que irradiaba mi vacía nevera, decidimos hacer huevo duro, así por innovar, probar cosas nuevas, a lo loco!.
Peeero lo que no sabéis es el cómo hicimos el huevo duro. Una manera bastante innovadora. Todo un espectáculo de luz y sonido.
Mientras manteníamos una conversación desenfadada, fluida y agradable, decidí utilizar el cacharro este para hacer huevos en el microondas ¿El que nadie usa por que todo el mundo sabe que es una mierda? Pues justo ese es el que usé.
La cuestión es que en un momento inútil de lucidez me acordé de que dos personas cercanas ya habían tenido un encuentro con los huevos y el micro y mientras se lo contaba entre risas a mi amiga, metimos el huevo en el cacharro maligno con un poco de agua.
Ni idea de por qué, pero me apoyé en el microondas con la palma de la mano sobre la puerta dejando caer todo mi peso en ella.
Lo puse tres minutos.
Durante el primer minuto nos dio tiempo a decidir si con tres minutos era suficiente o había que dejarlo unos 10 aprox y a recordar las historias sobre a la gente que le había explotado el microondas por hacerlo de esa manera y en el segundo minuto nos explotó a nosotras.
Yo sentí como si mi mano fuera a desaparecer por el bombardeo y empecé a oír un pitido en los oídos, solo veía cenizas caer del cielo y una gran niebla de polvo y escombros me impedían saber qué estaba pasando. Quizá esta descripción no sea de lo más fiel a la realidad pero desde luego que así me sentí.
Se fue la luz y el susto que nos llevamos fue superlativo. El perro vino a ver qué pasaba y yo puse rumbo al cuadro eléctrico con la esperanza de que todo funcionara, mientras reavivaba mis conocimientos en arameo, adquiridos, en parte, en historias previas contadas en este blog.
Recuperamos la luz y el peor momento de la noche llegó.
Abrimos el micro y, como la ola de calor que desprende el horno al abrirlo para mirar la pizza, o como la ola de calor al entrar en el corte inglés, nos despeino la infernal oleada de olor a huevo podrido explosionado.
Había huevo hasta en las juntas del armario del micro. Parecía que había tenido lugar una guerra de huevos en el interior, eso si, el cacharro ahi estaba intacto, reluciente y victorioso. Lo mejor de todo fue que bajé la rueda de los minutos para escuchar un reafirmante tin! que indicó que efectivamente ya se había hecho el huevo.
El huevo, la cena de navidad y una tesis doctoral, porque con el petardazo que pegó aquello, descargó energía para sobrevivir un año, cocinar diez festines y espabilar a los estudiantes adormilados de todo el bloque de pisos.
Estuvimos un buen rato limpiando el microondas y las paredes e incluso encendimos unas velas para ver si el olor se iba de alguna manera, pero nada.
Unos quince minutos después, medio rollo de cocina y una bolsa entera de huevo maloliente, nos comimos la ensalada. Ensalada sin huevo.
Quería hacer una pequeña observación ya que me parece muy sencillo.
¿Tan difícil es hacer un envase para hacer el huevo que sea así?:
En fin, no sé, a modo de paquete de tabaco, por lo menos si lo vas a usar que se sepa que tiene peligros y consecuencias mortales, no es mucho pedir.
De todas formas, me resulta bastante cómico que el invento del envase para hacer el huevo en el microondas se diera al mismo tiempo que la industria microondera experimentaba su mayor caída de ventas...
Así como existe el bulo de que los virus los crean las empresas de antivirus, yo creo que estos cacharros los han inventado las empresas microonderas. Llamadme loca, pero ¿Que mejor manera de acabar con los microondas que creando una mini bomba que ataque directamente en el núcleo eléctrico?
Aquí os dejo un corto para relatar como fue:



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