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La buena gente existe.

Viernes 4 de marzo. Estaba yo haciendo un poco de sofing cuando veo que una notificación se cuela por debajo de la puerta como si se tratase del siglo XX. Intrigada por la naturaleza del hecho me acerqué rápidamente a ver que decía.  Un folio en blanco con el siguiente mensaje:
Uxua, tengo tu cartera, me la he encontrado. Soy el del cuarto izquierda.
Estaré en casa de 18:00 a 19:00
Firmado: Ander.
Abrí la puerta para ver si me podía dar la cartera pero él y mi cartera ya no estaban y tampoco estaban en su casa. Eran las 17:00 y yo tenía que estar en un curso a las 18:30.
Como siempre y haciendo aprecio a la combinación de mala y buena suerte que acompaña mi vida, a las seis llamé a su puerta y tampoco estaba así que me fui al curso y una serie de hechos desencadenados hicieron que volviera a casa a las 12:00 de la noche, una hora poco prudente para llamar a la puerta de un vecino para pedir que te de la cartera que amablemente ha recogido y custodiado.

En estos momentos de la historia yo ya empezaba a ponerme nerviosa ya que al día siguiente tenía que irme a Ribaforada a hacer una entrevista y está a una hora y veinte de Pamplona y yo sin cartera.

Sábado 8:00 de la mañana.  Siguiendo el ritual matutino, me levanté, desayuné, saqué al perro, me duché y me preparé pensando "hoy va ser un buen día". A la vuelta de sacar al perro llamé a la puerta de mi vecino, eran ya las 9:30-9:45 de la mañana y teniendo en cuenta que era sábado me sentía mal llamando la puerta a esas horas imprudentes, pero era una situación desesperada.
Nadie. Tensión in crescendo. ¿Habría huido a México con mis tarjetas de crédito?

Sábado 10:00 de la mañana. Yo ya estaba llegando tarde y decí tomar cartas en el asunto y con la misma música de las películas americanas que ya ha sonado alguna vez en este blog y pensando "Mike, tú eres el líder tienes que decidir", establecí un rápido análisis sobre mi situación: sin cartera, por lo tanto sin dinero y sin DNI pero con coche.
Abrí el portátil con la actitud y la rapidez de un hacker y busqué en Internet "precio de peajes de Pamplona a Ribaforada: 9 €."
Con mucho dolor de corazón, abrí la hucha donde voy metiendo los cambios por si algún día tengo que comprar mi libertad y huir a México con mi vecino y la cartera, y sin contar céntimos de cinco y de dos, que esos no te deja meterlos en los peajes, mi capital ascendía a 11 €, lo más cercano a la libertad mexicana era ir a comprarme un burrito en burguer king. Penoso.

El plan: ir a Ribaforada por autopista para llegar a tiempo y volver por carretera. Nada podía salir mal.
Excepto porque tardé más de cinco minutos en pagar en el peaje con todas las monedas y el de detrás  se estaba poniendo taquicárdico, el resto del viaje fue sin percances y la entrevista estupenda.

Y ahora empieza la acción. Me despedí de la amable familia que iba a confiar a su primogénito a nuestra espléndida ONG para ir un par de meses a Sudáfrica ( publicidad, publicidad, publicidad )
y me metí en el coche.
Al arrancar, una luz infernal, que todos conocemos, parpadeante y molesta me avisó de lo siguiente:
Su vehículo ha entrado en reserva. Game over.

Ante la devastadora situación tuve que hacer un rediseño de emergencia del plan:
Recordemos que estaba sin cartera y sin gasolina y lo único que tenía era 120 km por hacer y 3 euros que me habían sobrado del peaje de ida.
Actualicemos las opciones: Ir por autopista ya no era viable, ya que solo tenía tres euros y entre los dos peajes sumaban nueve. Ir por carretera suponía atravesar un puerto de montaña y la posibilidad de que si me quedaba sin gasolina no hubiera cobertura. Miré el móvil: Batería baja.
Decidí arriesgarme e ir por carretera,  que francamente era la única opción disponible de entre todas las que había, y apelar a la buena suerte y al Karma.

Cuesta arriba en el puerto, cuesta abajo en el puerto, cuesta arriba en el puerto, cuesta abajo en el puerto, adelanté un risueño ciclista que estaba teniendo el mismo problema que yo para subir las cuestas y cuesta abajo en el puerto. La aguja de la gasolina cada vez más y más cerca del cero hasta que pasó lo siguiente:




Bien, todos sabemos de qué momento habla el video. A la altura de Caparroso y llegando hasta el pueblo en punto muerto, pregunté a unos amables señores dónde estaba la gasolinera más cercana, a lo que me respondieron que en la misma carretera de la que venía, dirección Pamplona, había una a la salida del pueblo.
Yo con mi estupenda orientación me las apañé para salir del pueblo y encontrar la carretera por donde había venido. Y cuando llevaba cinco minutos sin encontrar la gasolinera de repente me encontré al risueño ciclista que venía de frente.
Tardé tres segundos en darme cuenta de lo francamente idiota que era y di la vuelta maldiciendo mi existencia, pues había cogido la dirección opuesta a la gasolinera. Volví a adelantar al risueño ciclista y pensando realmente que no llegaba hasta la gasolinera aceleré con fuerza y dejé el coche en punto muerto hasta que me topé a 20 Km/h con la gasolinera.

Metí el coche donde el surtidor y el amable trabajador empezó a preparar la manguera para echar gasolina y rápidamente le dije:
-Espere, por favor, no tengo dinero.
-¿Que?.  Acompañó su discurso con una expresión incrédula y de asombro.
Le expliqué la situación y en mi mayor momento de lucidez le dije que si me daba un número de cuenta le podía hacer una trasferencia desde el móvil.
Me mandó al bar donde estaba su jefe y le conté la misma historia.
The Boss, con una mirada de desconfianza me dijo que no se podía fiar de mi, que mucha gente había venido y había hecho eso y le habían timado, que no se podía fiar de que le fuera a llegar el dinero. Mi banco y su banco no eran el mismo y por lo tanto la trasferencia no iba a ser inmediata.

En este momento cuando me puse a pensar desesperadamente quien podía tener cuenta en su mismo banco para llamarle y que le hiciera una trasferencia de 10 euros, Hugo Boss me dijo que si le dejaba el móvil (físico) me echaba gasolina y el lunes volvía desde Pamplona a por el móvil y le pagaba.
Casi entre risas le dije que no me podía quedar sin el móvil hasta el lunes e intenté por todos los medios que mejorara su oferta.
Aquí empezó el regateo. Más bien él se dedicó a inspeccionar mi coche por si había algo de valor que le pudiera dejar para asegurarse de que iba a volver el lunes a pagarle mientras yo pensaba en la única persona que pudiera tener cuenta en ese banco: mi madre, que, por supuesto, no me cogió el teléfono en ese momento. Si hubiera tenido facilidades no habría sido divertido.

Como era de esperar, el buen hombre no encontró nada, pero tuvo un momento en el que me vio las gafas de sol (RayBan de imitación),  y me dijo que se las quedaba y en un acto estúpido de buena fe le dije que eran de imitación a lo que él siguió buscando en mi coche.

10 minutos y mucha buena suerte después, el amable caballero decidió fiarse de mi y echarle 10 euros de gasolina al coche. A punto estuve de darle un abrazo.
Me dio su móvil y le di el mío y me dijo que el lunes me llamaría, me daría el número de cuenta y que le hiciera la trasferencia y que se fiaba de mí, que por favor no se la jugara.
Le aseguré y requete aseguré que no se la iba a jugar y que por supuesto le iba a pagar. Le agradecí enormemente su acto de buena fe y cuando estaba metiéndome en el coche mientras le daba las gracias por octava vez me dijo: No te preocupes, si algún día estoy por Pamplona y necesito algo te llamaré.
Haciendo amigos. Mini punto.
Llegué a casa sana y salva.
Moraleja de la historia : La buena gente existe. Mi vecino me recogió la cartera para que no me la robaran y el de la gasolinera se fío de mi aun habiéndole engañado otros antes. En vez de ingresarle 10 le ingresaré 20 por una sencilla razón: El favor que me ha hecho sin conocerme de nada ayudándome a salir de una situación farragosa y haberse fiado cuando ya se la han jugado antes. No es algo fácil de hacer.

Espléndido fin de semana.






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