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Tanta suerte abruma!



Me levanté de la cama de un salto y teniendo la sensación que iba a ser uno de esos días me puse en marcha.
Preparé un par de tostadas y un colacao y al abrir la nevera para coger la leche me invadió una tristeza enorme. Que nevera tan triste. Allí no había nada, alguna que otra salsa de esas que se tienen en la puerta pero que nunca sabes para qué y creo que quedaba también un bote de mermelada de tomate que había hecho mi madre hacía dos años.  
Saqué un papel y sintiendo que traicionaba a mi generación digital empecé a anotar cosas: tomates, leche, galletas, jamón, carne, lechuga,  antipulgas para el perro, pienso. Otros. 

Cogí al perro y establecí mi ruta. Primera parada veterinario. 
Al llegar me encontré un cartel enorme que decía: abrimos a las 10:30. 
Por ahí deambulaba un señor con un perrillo patada muy simpático. Tenía pinta de señor mayor aún que se podía apreciar que no tenía todavía los 60. Se acercó a preguntar a que hora abrían y le contesté señalando al cartel que a las 10:30 y me fui a dar un paseo. 

Al volver paré en el supermercado y haciendo un buen honor al apartado de "otros" le compré al perro una bolsa de huesitos con sabor a bacon. Como aún tenía tiempo me senté en un banco frente a la puerta del veterinario. 
El señor se sentó a mi lado y al ver que mi perro estaba comiendo un huesibacon y que el suyo no, sintió la necesidad de conseguir uno y con una voz desesperada e impulsiva me dijo: ¡Te compro dos!. 
A punto estuve de dejarme llevar por la emoción y gritar a los cuatro vientos: ¡El señor de barbas se lleva dos por un euro! ¿Alguien da más?

Yo, intentando no reirme por la situación, le regalé dos barritas y así empezó nuestra interminable conversación de besugos. El me hablaba de ardillas, yo de perros y para cuando quería darme cuenta me estaba hablando de inundaciones del Arga. 

Tras diez minutos de estudio sociológico llegué a la conclusión de que no era un hombre normal, pero agradable igualmente. 
Abrió el veterinario y siendo educada le dejé pasar primero. 
Pues resulta que la educación me llevó a estar toda la mañana en el veterinario esperando a que acabara él y así fue como conocí a un labrador, un retriever y un hurón alvino. Y a sus respectivos dueños. 

El problema que tenía el hombre era el siguiente: su madre había muerto y el perro estaba a su nombre. 
Necesitaba un cambio de propietario y para ello necesitaba la firma de su madre. 
Casi sacamos la ouija pero no fue necesario pues tras 2 horas y media de esfuerzos legales y papeleo consiguieron realizar el cambio sin la firma de la difunta propietaria. 

El señor se fue y 20 minutos mas tarde salí yo. Me estaba esperando sentado en el mismo banco donde habíamos compartido esa extraña conversación. 
Me dijo que para agradecerme todos los favores que le había hecho la próxima vez que nos viéramos me regalaría un trébol de 4 hojas. Yo pensé que era un pobre señor que no sabía lo que decía, pero me alegró el día y así se quedó el asunto. 

A la mañana siguiente salí a sacar la perro de nuevo y ese día, por razones que desconozco, me desvié de la ruta que siempre sigo. 
Además salí una hora antes de lo normal por que no podía dormir. 
De repente oigo mi nombre, me giro y veo un brazo entre dos coches agitarse de izquierda a derecha. 
Me acerqué con un poco de miedo y era el señor del día anterior. 
Sacó de la cartera una tarjeta con dos tréboles de cuatro hojas y me la dio. 
Agradecida y emocionada me fui a casa y descubrí un pequeño mensaje por la parte de atrás: 

Os deseo mutxa xalud y xuerte,
tenerlos toda la vida, ya ke es
muy dizizil de enkontrarlos. 
todos los treboles son poderosos 
del mál, y proteges, en kontra-
dos a la hora 2´15 de esta tarde
Buztintxurrik 

Se aceptan interpretaciones del mensaje. 

No supe si me daba buen rollo o mal rollo pero decidí pensar que iba a ganar la lotería sin jugar y esas cosas. 
La guardé en la cartera y ahi se quedó. 
Nunca más he vuelto a ver a ese señor ni a su perro. 

Desde entonces me han ocurrido muchas cosas: Mi padre le pisó el pie a mi abuela con el coche en mi graduación y acabó en urgencias con la tibia rota, esa noche daba un concierto que salió regular por que no había micrófonos en condiciones ni escenario y después una amiga se abrió la cabeza y le pusieron grapas. Mas adelante, ese mismo mes, tuve un accidente con el coche al volver del dentista. En el dentista cuando me mandaron a la máquina de rayos y le dieron al botón, casualidad, ¡ Se estropeó ! y jamás les había ocurrido antes.
El accidente de coche fue bastante gordo, no hubo heridos pero el coche estaba en modo siniestro total. 
El otro coche, que quise coger ya que tenía el anterior con un pie en el desguace, se le había estropeado el alternador y con el último coche que nos quedaba tuvo un accidente mi madre y siniestro total también. 
El día del accidente de mi madre, mi padre pinchó la rueda de la bici, que estaba usando por que no tenía coche y no cuento más por que es un adelanto de las próximas historias.


No sé qué hacer con los tréboles si tirarlos a la basura, triturarlos o quemarlos. Se admiten sugerencias. 







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