Un fin de semana bastante peculiar...
Un fin de semana bastante peculiar... Un ritmo de vida acelerado. Siento no haber publicado la entrada a tiempo este fin de semana pero espero apelar a vuestra comprensión cuando acabéis de leer la entrada.
Todo empezó el jueves con el estrés de presentar algo para la crítica del viernes.
Tan estresada estaba que se me había pasado que tenía una importante cena a la que acudir y el mero pensamiento de cancelarla me resultaba éticamente incorrecto.
Empecé a pensar en las cosas importantes de la vida mientras me maquillaba y dije, la pregunta del millón, ¿Que me pongo?.
Ahora no recuerdo el irrelevante look pero si recuerdo que dije : venga tacones, que solo voy a estar ahi un ratico.
Mis tacones y yo fuimos a la cena y lo pasamos francamente bien, pero llegó un momento en el que tuve que irme a casa a hacer proyectos. 00:00 de la noche.
Dos amigos y yo decidimos empalmar en casa de uno de ellos y cuando llegué a casa a por el portátil no se me ocurrió nada mejor que no cambiarme el calzado.
Las noches de empalmada suelen tener una gráfica de estado mental y físico bastante repetitiva la verdad: Primero te pones a trabajar como si la hora no te afectara.
Cuando han pasado un par de horas llega el primer café. Aquí se produce uno de los mayores subidones de la noche que puede ir acompañado de un bailoteo sobre las tres o cuatro de la mañana.
Cuando consigues calmarte trabajas como si no hubiera fuerza humana capaz de pararte y poco a poco vas notando que quizá ya esa canción de reguetón no te hace tanta gracia, o que ya no ves tu proyecto tan positivamente. Te empiezan a salir problemas de donde no hay y los ojos empiezan a cerrarse.
Aquí hay dos variantes : Por un lado, la gente que se va a la cama tirando la toalla y la de "duermo dos horas y me despiertas" y por otro lado, tenemos la del segundo, o tercer (dependiendo de la persona), café de la noche. Y así ya vas tirando hasta que de repente son las siete de la mañana y tienes que ir pensando en si quieres ducharte, desayunar y vestirte o seguir trabajando y bajar como un vagabundo a clase.
En nuestro momento de subidón máximo, hicimos una mezcla de reguetón y raperos, trabajando con sudaderas y gafas de sol, no fuera ser que el brillo del ordenador nos despertara.
Así que esa noche pasé de proyectar de manera glamurosa y fabulus, a un estilo nigga total, eso si, con tacones. Por lo menos si me iban a criticar duramente que fuera con tacones.
La crítica llegó y fue bastante bien, no puedo quejarme. Pero después sucedieron una serie de acontecimientos surrealistas.
Me llaman de la universidad diciendo que hay un montón de entradas para un concierto a mi nombre y que las repartiera yo entre los estudiantes de arquitectura que habían participado de un modo u otro en algún evento musical. (Me dieron una lista).
Primero me dijeron que no había nada a mi nombre, después me mandaron volver por la tarde y ya por fin, me mandaron a otro edificio.
Mis tacones no estaban de acuerdo, pero tuve que ir a recoger las entradas al edificio central.
Cuando llegué me dijeron que solo podía coger las mías. La mía más una. Mandé los respectivos whatsapps a los interesados y seguí con mi vida.
Mi amiga y yo fuimos al concierto con otros dos que habían aprovechado las entradas. Hubo un mal entendido bastante divertido pues se pensaron que había más entradas de las que realmente había y al final nos dejaron entrar a todos, habiendo hecho un despliegue educativo previo entre los afectados de "no, no, insisto, entra tu, que a mi no me importa, de verdad".
Resulta que el esperado concierto era una pieza artística de música contemporánea. Un arte difícil de entender.
Nos entró un ataque de risa de esos que cuanto menos puedes reirte, más y más te ríes.
Contagiamos a los de la fila de atrás y unos entendidos en el tema situados delante de nosotros nos fulminaban con la mirada. En el descanso no pudimos más y salimos del concierto. Mas que nada por educación.
Perdone, ¿la salida?
Por aquí, pero es el descanso, no se ha acabado el concierto todavía.
Ya veo, ¿la salida?
Ese fue nuestro final.
Pero a mis pieses todavía les quedaba trote. Esa noche cumplía años una amiga y lo celebramos como es obvio. Disfrazándonos, en mi caso, de torero. Ole!
Podéis pensar que el sábado descansé, pero no. Tenía un importante concierto que dar, y anduve el sábado con mi querido grupo de percusión corporal a trote limpio por el escenario.
Bueno está bien el domingo quizá descansaste.
¡NO! Javierada pa tu body! Una amiga, a la cual tengo en alta estima y empiezo a pensar que las coincidencias me asustan, pues siempre está en mis historias de Murphy, estaba decidida a hacer la javierada (peregrinación a Javier).
Llevábamos bastante tiempo hablando del tema y el resto del grupo se había rajado con excusas tipo: Tengo que estudiar. Por favor, quién tiene que estudiar pudiendo hacer la javierada....Bien. Ojalá yo hubiera estudiado. Ya me lo decía mi madre, los estudios lo primero, la salud lo primero, pues en algún momento entendí que eran secundarios.
Por no dejarla tirada, me levanté al dulce sonido del móvil a las 4:30 am y me puse en marcha.
Aquí empieza la acción. Una serie de errores que venían ya desde el jueves. Tranquilos para hacer la javierada me quité los tacones.
Salimos de Noain a las seis de la mañana, habiéndome acostado el día anterior a la una y media, ya que después del concierto acabamos cenando una hamburguesa de potro en un bar karaoke mientras apoyábamos al primo de una del grupo en la final del concurso.
Echamos a andar a la luz de la luna. Todo era precioso, nos perdimos un par de veces pero enseguida con nuestra astucia, orientación y la ayuda del gps encontramos el camino hacia Javier.
Uno de los momentos más graciosos, fue ver la higa de Monreal y pensar, estamos en Monreal.
Y dos horas después seguíamos viendo la higa de Monreal y no estábamos ni siquiera cerca.
Bueno pasamos Monreal y otra serie de pueblos, y yo empecé a sentir un dolor intenso en la planta del pie y comencé a quejarme y ha hablar del tema. Yo soy así.
Mi amiga, como es comprensible, solo me decía que era una quejica y que me aguantara.
Eso hice. Puse mis mejores armas psicológicas a trabajar y dije, el dolor no existe, está todo en tu mente, siente el esfuerzo, supéralo, y así.
Llegó un punto en que empecé a no poder andar más, que fue la subida del puerto que hay antes de llegar a Liédena. En ese momento se nos ocurrió parar a comer algo .
El error fue fatal. Intenté ponerme de pie y andar pero no podía. Me sentía un despojo humano.
Y decepcionada conmigo misma, pues muchas veces he hecho caminos, excursiones etc y nunca me había pasado esto.
Encontré la manera de superar el dolor, correr. Correr como una abuela. Mientras mi amiga andaba yo corría a la par.
Llegando a Liédena nos encontramos con un amigo al que nunca vemos en Pamplona pero que por casualidades de la vida volvía de Javier en bici.
¿Que tal te va la vida? etc y yo pensando, como pase un segundo más parada, de aquí no me mueven ni con una grúa.
Llegó el terrible momento de volver a retomar el camino. Y si alguna vez habéis visto alguna película de zombis os podréis imaginar perfectamente como andaba yo. Yo creo que tardé más en recorrer el último km que toda la javierada.
En ese momento un agradable policeman paró con su moto para ver si necesitaba ayuda. Y yo, que soy como soy, le dije que no, que estuviera tranquilo, que llegaba hasta la gasolinera de Liédena. (Estábamos a 20 m). A lo que mi amiga dijo, mientras el guardia se iba: ¡Pero tu te has visto! ¿Como que no necesitas ayuda!
Bien, al final llegamos a Liédena y nos recogieron en coche. Nos quedamos a los pies de la gloria. A muy poco de Javier. Fuimos hasta Javier en coche, por aquello del orgullo, si es que aún quedaba algo, y ni si quiera salí del coche. Me quedé dando gracias por los vehículos motorizados en el parking mientras el resto iba a ver el castillo.
Llegamos a Noain y tuve que conducir hasta mi casa. Una tarea prácticamente imposible.
Me di un baño relajante y un masaje en los pies con una crema para los músculos, pensando que eran contracturas y me fui a la cama a las siete de la tarde.
Me desperté al día siguiente en la misma postura en la que me había dormido.
Empecé a hacer comprobaciones: Cabeza, bien. Cuello, bien. Brazos, perfectos. Abdomen, genial. Piernas, estupendas sin agujetas, perfecto. Tobillos, movilidad plena y sin problemas. Dolor en la planta del pie, pero leve y dedillos móviles y estupendos.
Mas alegre que un periquito, me levanté de la cama y conforme apoyaba el pie izquierdo para echar a andar me caí al suelo. Dolor es poco para describir el daño que sentía en los pies. Me levanté como si me hubieran dado una paliza e intenté llegar hasta el baño, lo cual fue imposible. Estuve descansando un ratillo en el suelo y luego volví a la cama a duras penas.
Me miré los pies y no tenía nada, ampollas nada, rozaduras nada.
Y pensé, a ver si va a ser que tenía razón y no era el típico dolor de pies y me he hecho algo...
Voy al médico.
La tarjeta de la seguridad social perdida en el abismo de los objetos perdidos junto a las llaves de mi coche y entonces empecé a hacer trámites. Cogí el teléfono e intenté pedir mi número de la S.Social a lo que me contestaron que no estaban bien los datos y que tenía que facilitarles una foto del DNI y la dirección de mi casa.
Bueno una mañana después conseguí que me tramitaran la tarjeta.
Llamé al centro de salud para pedir cita y me dijeron : Michica, lo antes que te podemos dar es para el miércoles a las nueve.
Pensé que si no se me había pasado para entonces me habría cortado antes los pies.
El lunes no salí de casa, y prácticamente no me levanté de la silla. Lo cual te da luz verde para ver todo tipo de series o películas y ponerte al día en tus quehaceres mas estúpidos.
El martes ya podía andar un poquito más y fui a clase por la tarde. Tardando una media de 20 minutos en llegar del parking a la escuela. Modo zombi ON.
Hoy he ido al médico a las nueve y he conseguido obtener un diagnóstico acertado de mis pinrreles. Resulta que tengo una fascitis plantar. Una en cada pie. Si lo traduces del chino al español, significa un dolor intenso en el talón y planta del pie. Inflamación de la fascia. Parece que hasta sé del tema.
Tratamiento: Reposo absoluto de siete a diez días y aceclofenaco (ibupropheno pro) a todo meter.
Me quería dar la baja, pero ya le he explicado que no era necesario, que no trabajaba, que hacía arquitectura y que no se preocupara, que si algo hacemos bien los arquitectos es estar sentados durante horas.
La cuestión es que quizá no es mejor antes muerta que sencilla, por que lo que ha producido mi fascitis plantar (suena mejor si lo digo así ), no fue la javierada en su totalidad, sino los malditos tacones, que están ahora riéndose ampliamente en el cajón, más, luego sí, la javierada.
A todo esto ya he cancelado todas mis citas deportivas y ya he avisado a mi profesora de flamenco de que taconear no es una opción, que igual mejor me animo con el cajón!
Un amigo me ha dejado unas muletas pero, habiéndolas probado, no se si es peor el remedio que la enfermedad, porque parece que no me han enseñado a andar, sin embargo sin muletas, aún conservo un poco de dignidad.
Y hoy he pensado en escribir la historia por contar algo actual. Fresco. Nuevo. Como veis, Murphy siempre está al acecho detrás de cualquier objeto. ¡Hasta de unos simples tacones!




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