
He sido una niña pirata siempre. Era muy frecuente verme con un parche en el ojo, luego un parche en el cristal de las gafas y todavía más frecuentemente, el parche en la frente y las gafas en el suelo. Una relación fatídica con las gafas. Ya Murphy acechaba cuando era pequeña.
Todos los que hayan tenido estrabismo saben de que hablo, los que no, lo dejamos en niños piratas.
En adición a este problema, tenía también hipermetropía, más común quizá que el estrabismo, y que ha facilitado muchos de los golpes contra objetos en mi vida.
Como podéis observar, nací prácticamente con un pack debajo del brazo bien provisto de : Parches, esmalte para pintar las gafas, gafas, distintas monturas, distintos cristales y un juego de "Identificar hacia que dirección apuntan los palitos de la E".
Hablando de la prueba de la E, yo la mitad de las veces solía contestar mal, no por que no viera, sino por que no sabía cual era derecha y cual era izquierda.
Al final acababa señalando con el brazo.
Otra prueba que recuerdo en el oculista era "cogerle las alas a la mosca".
Te ponían unas gafas que pesaban un quintal y te sentaban en un sillón elevado por una plataforma con la luz apagada y ligeros colores de verde y rojo te invadían, al final pensabas que te habían absorbido los aliens y que la mosca te iba a comer en cualquier momento.
Como última prueba me llevaban a la sala de "EL OCULISTA" el gran jefe, el chamán de la tribu. A mi todo me parecía bien, hasta que llegábamos a su oficina. Era como la prueba final, como si antes hubieran estado jugando contigo y ese momento era "el momento de la verdad", tenías que demostrar que no estabas ciega. Francamente complejo.
Me volvía a hacer la prueba de la E y después me volvía a poner las gafas de hormigón y me pasaba una serie de lentes y me preguntaba : ¿Con cual ves mejor? Así o así. Así o así. Así o así. Así o así. Así o así. Así o así. Así o así. Al final no tenía ni idea de si veía lo que tenía que ver, de si me gustaba más una imagen que otra o con que lente veía mejor.
Estoy convencida de que la mayor parte de las veces que tuve que decidir pensé : Hemos venido a jugar : Así. Y él lo apuntaba con un boli en su hoja de médico y acababa pensando que nunca vería bien por que no era capaz de elegir con precisión.
Además, mi madre y mi tía aprovechaban la situación de las gotas para llevarme de compras y comprarme todo tipo de ropa que, si hubiera estado en plenas facultades, jamas habría aprobado su adquisición. Pero, como el efecto de las gotas duraba lo suyo, era un blanco fácil, y posiblemente así se definió mi armario durante varios años.
Eso en el colegio no era un problema, por que siempre llevamos el uniforme para hacernos a todos los niños iguales, excepto yo, que llevaba un parche estupendo.
El hecho de que tuviera los ojos tan desastrosamente mal, no impedía que yo dejara de hacer las cosas normales que hacen los niños, como, en mi caso : jugar a fútbol y como consecuencia romper todo tipo de zapatos y gafas existentes, salir con el lazo en la cabeza, o sin lazo directamente, la falda del revés, la camisa salida, o también del revés y la bata del comedor llena de manchas de tomate y puesta a modo de capa de superman. Vamos lo típico.
Como era una niña activa en deportes en los recreos, recibía muchos golpes y las gafas acababan prácticamente día si día también en el suelo.
Al principio, mis padres las llevaban a arreglar o a comprar otras o a cambiar los cristales etc, pero después de un tiempo y la mitad de la herencia familiar en monturas y cristales, decidieron intentar alargar la situación, así que era muy frecuente encontrarme con un parche en el ojo y las gafas en diagonal.
El de general óptica ya me conocía, le hacíamos visitas prácticamente mensuales y me recibía con los brazos abiertos. Otro tema a parte es cuando te iban a ajustar las gafas con la arenilla esa caliente e insistían ellos en colocártelas como si tu no fueras capaz de encontrarte las orejas y al final acababan rascándote el tímpano con la patilla de la gafa, para acabar con un : "Michica, póntelas tu mejor".
Recuerdo un día que entramos en la tienda y cual fue mi sorpresa que el oculista tenía preparadas unas gafas irrompibles para mi. Unas gafas de goma que se doblaban y se ajustaban a todo y era imposible, IMPOSIBLE, romperlas.
O eso creían ellos.
Asombrada por las altas cualidades superlativas de mis gafas, como buena científica, pensé que lo correcto en la situación era ponerlo a prueba y someterlas a mi mayor método empírico.
Me puse manos a la obra. Me senté al borde de la carretera que pasaba cerca de casa y deposité cuidadosamente las gafas sobre el asfalto, habiendo calculado por donde pasaría la rueda, y esperé a que un coche o, mejor aún, un camión, las pisara.
No sé que esperaba ver, el camión saltar por los aires al pisar las gafas o la destrucción inmediata de un coche al rozar la goma. Cual fue mi decepción, que un coche las pisó y se rompieron.
Derrotada por el experimento fallido, fui a donde estaba mi madre para informarle tristemente de que las gafas no eran irrompibles como había dicho el colega y ciertamente, más vale que lo comprobé. No se pueden vender gafas irrompibles si luego no lo son. No recuerdo el tipo de bronca que me habría caído encima, pero supongo que amplia y merecida.
Orgullosa de mi misma fuimos a devolver las gafas y a mis pobres padres no les quedó otra que asumir que su hija pequeña era un arma de destrucción masiva de gafas y que no había nada que hacer.
Tanto el estrabismo como la hipermetropía se acabaron curando solamente con el uso de las gafas.
Me hice mayor y dejé de romper gafas, aguantando con las mismas durante casi dos años (tiempo récord) y dejando de utilizarlas por completo en el año 2010.
En noviembre de ese mismo año mis padres respiraron aliviados y dejaron de invertir en General Óptica, la familia se fortaleció y las broncas disminuyeron en un 30 %.
Mas de 34 gafas han sido utilizadas para el making de esta historia.
Muchas gafas hoy son rotas por niños en todas partes del mundo.
Mientras lees este blog, solamente en España, siete gafas y media han sido rotas por balonazos, cinco por caídas y pisadas, pero ninguna bajo los efectos y conclusiones de un experimento empírico.
Ningún tipo de vehículo resultó herido durante la sucesión del experimento.



Jajajaja muy buena! Se me había olvidado la súper prueba de las gafas irrompibles!
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